lunes, 13 de febrero de 2017

ESPIRITUALIDAD


Tratar sobre la espiritualidad comporta tener que asumir que nos hallamos ante un término cada vez más polisémico. Unos la asocian con experiencias personales cuasi sobrenaturales, otros la desvinculan de lo religioso y ya se ha acuñado la expresión: espiritualidad laica. Hablamos de espiritualidad cristiana, pero también oriental. Cuando una palabra se emplea con profusión, el riesgo de la confusión se hace presente.
La espiritualidad es una dimensión universal e innata del ser humano. Carl Gustav Jung la consideraba parte de su estructura psíquica. En clave creyente, huella de Dios en nuestra realidad existencial al haber sido creados a su imagen. Don divino para todo ser humano que explica la variabilidad de formas a través de las cuales la espiritualidad se ha expresado a lo largo de la historia, desde las manifestaciones míticas de los primeros humanos hasta las espiritualidades (religiosas y laicas) de nuestro tiempo.
Es a través de la dimensión trascendente de la espiritualidad que nos interrogamos acerca del sentido de la realidad: el universo, la vida o nuestra propia existencia. Tiene que ver, pues, con la manera como nos relacionamos con cuanto nos rodea, ya sea la naturaleza, a través del compromiso ecológico, con los demás, con nosotros mismos y con Dios.
Descubrimos en la espiritualidad diversas dimensiones. Una de ellas es la exterioridad mediante la cual trascendimos el propio yo y nos orientamos, de forma amorosa, a los demás, especialmente a las víctimas del “sistema”. Es la espiritualidad del profetismo judío y de Jesús de Nazaret.
La espiritualidad no puede prescindir de la dimensión de la interioridad. Tanto en el Primer como en el Nuevo Testamento, se nos propone el autoexamen aprendiendo a dirigir el foco de nuestra atención en nuestro mundo interior a fin de evaluar pensamientos, sentimientos, emociones, motivaciones y conductas a la luz de las exigencias del evangelio. Prácticas como el silencio y la meditación nos ayudan a ello.
Finalmente, debemos adentrarnos en la dimensión de la profundidad y orientarnos al fundamento último de la realidad: Dios. Es necesario recuperar el sentido dialogal de la oración en sus distintas posibilidades y la contemplación silenciosa y orante de la realidad y vivir conscientemente frente al Misterio.
Es por todo ello que la espiritualidad implica la totalidad de la persona empezando por aquellas estructuras biológicas, como es el caso del sistema nervioso central, que posibilita esta dimensión. Diferentes estudios han identificado la actividad de diversas zonas del cerebro en estados de meditación y oración. Quedan también incluidas las facultades cognitivas que permiten comprender la dinámica de la espiritualidad y expresarla. También el nivel emocional con su caudal de sentimientos internos y manifestaciones conductuales que ayudan a vivenciar todo cuanto la espiritualidad permite experimentar.
Pero cabe tener presente, como señala el teólogo Paul Tillich, que si alguna de las funciones que constituyen la totalidad de la personalidad se identifica, de modo casi exclusivo, con la manera a través de la cual la persona experimenta, expresa o indaga su espiritualidad, esta se deforma. Como síntesis integradora se ha definido a la persona como una estructura cognitiva-emocional y es en cada uno de los ejes de esta bipolaridad donde puede producir tal deformación.
El primer riesgo es el “secuestro teológico”, al que hace referencia el cardenal Karl Rahner, «consistente en hablar sobre todo lo humano y lo divino con un arsenal casi ilimitado de conceptos teológicos y filosóficos que (paradójicamente) impiden el viaje a la experiencia originaria: aquella que posibilita comprender la profundidad de la existencia». Es la deformación intelectualista de la que también hablaba Paul Tillich cuando la fe se asocia exclusivamente con conocimiento. La dialéctica entre la experiencia y su manifestación conceptual es consustancial a la naturaleza humana ya que la vida interior reclama su expresión.
Es obvio que el conocimiento es necesario, pero no suficiente en el ámbito de la espiritualidad. Las afirmaciones más profundas de Dios en la Biblia no las hallamos en formulaciones abstractas, sino en relatos vivenciales entretejidos en la realidad existencial de hombres y mujeres. La deformación intelectualista es propia del pensamiento moderno y su pretensión de explicar la totalidad de la realidad mediante procesos de racionalización.
La segunda deformación es la sentimental. Es propia de la postmodernidad y su interés por sentir y experimentar. Vivimos un momento de búsqueda y exaltación de fenómenos extraordinarios (visiones, profecías, sanidades, exorcismos…). En algunos contextos se vive una auténtica fascinación por la “mística” sin recordar que la vivencia excepcional de acceso a la inaccesibilidad de Dios es un acto de gracia, transitoria y de difícil comunicación como sugiere la experiencia de San Pablo. En un trabajo sobre esta temática, el teólogo J. I. González Faus escribe que: «la experiencia mística no puede ser buscada ni puede ser resultado de una búsqueda. Y si se produjera de esta manera, podemos afirmar que no es Dios lo que allí se ha experimentado».
La espiritualidad requiere de los sentimientos y de la obertura a la profundidad de la existencia; pero es (o debería ser) más que simple emoción. La emoción, sin apenas contenido doctrinal, nos sitúa en un reduccionismo de la experiencia y en la subjetividad. También en la duda de si les manifestaciones impregnadas tan sólo o en gran parte de componentes emocionales parten de un yo integrado, equilibrado y armonioso o si pueden llegar a reflejar alguna disfuncionalidad. Es notorio que las emociones nos juegan malas pasadas en todos los órdenes de la vida y el mundo de la espiritualidad no tiene por qué ser una excepción.
Por la propia estructura de la personalidad es posible hallar una mayor identificación con uno de los dos polos. El riesgo de deformación se halla de forma latente en todos ya que la equidistancia suele ser más utópica que real. El sesgo es posible. La toma de conciencia y el discernimiento se hacen necesarios para modificar la posición polarizada y buscar el mayor equilibrio posible. Las deformaciones de la espiritualidad impiden experimentar toda su riqueza. En cambio, la espiritualidad equilibrada da profundidad, dirección y unidad a las diferentes dimensiones de la personalidad.

sábado, 11 de febrero de 2017

“Lo más importante, ¿los ritos o las personas?”


De su blog Teología sin Censura:
No obstante la crisis religiosa, que estamos viviendo, son bastantes los cristianos que se ponen nerviosos si se les habla de innovaciones o cambios en la liturgia de la misa y demás sacramentos.
Esta postura es comprensible. Lo que seguramente no saben quienes defienden esta posición -y la defienden no sólo con energía sino incluso con indignació – es que, sin darse cuenta, quienes adoptan tal postura de forma intolerante, en el fondo, lo que hacen es aceptar y –sin saberlo- reafirmar una de las ideas típicas de Sigmund Freud.
Así lo explica un autor tan documentado como es Gerd Theissen, comentando un texto importante del volumen 7º de las “Gesammelte Werke” (p. 129-131) de Freud. El rito se constituye en un fin en sí, que se contrapone al caos, que es lo más opuesto al orden. Por eso los ritos sirven para defenderse del caos. O, en otras palabras, los ritos sirven para defenderse del miedo, que precipita al individuo en un caos psíquico. Estas ideas han sido desarrolladas por Víctor Turner y Rolf Gehelen.
De ahí que, para no pocas personas, cambiarles los ritos y, sobre todo, quitar el ritual o su lenguaje (por ejemplo, el latín) es quitarles un factor fundamental de su seguridad en la vida o en su relación con Dios.
Pero, es claro, las personas que se meten de lleno en este proceso y, por eso, se aferran a la exacta observancia de los ritos, aparte del miedo inconsciente que eso entraña, tiene una consecuencia religiosa y social que nos aleja del Evangelio más de lo que imaginamos. ¿Por qué Jesús tuvo tantos conflictos con los maestros de la Ley, con los fariseos y con los sacerdotes? Siempre la misma historia: porque no observaba el sábado, no ayunaba, no cumplía los rituales de pureza cultual, andaba con malas compañías (pecadores, publicanos), tenía amistades peligrosas…
Y todo esto, ¿por qué? La respuesta más clara y más directa la dio Jesús cuando explicó lo que será verdaderamente decisivo en el juicio final. No será la observancia de los “ritos” religiosos, sino la relación que cada cual tiene con la felicidad o el sufrimiento de las “personas” (Mt 25, 31-46).
Cuando el Señor de la Gloria venga a pedir cuentas a cada cual, a nadie le va a preguntar si dijo la misa en latín o en otra lengua, si cumplió con las normas litúrgicas al pie de la letra, si ayunó o dejó de ayunar, etc.
O el Evangelio es mentira o la liturgia le preocupa a Dios bastante menos que al clero y sus más fieles adeptos. Lo que al Dios de Jesús le interesa no es la fiel observancia de los ritos, sino que tengamos sensibilidad para dar de comer al que pasa hambre, para estar con el enfermo, para acoger al extranjero, para interesarse por los que están en la cárcel.
Muchas veces me pregunto por qué en el Vaticano hay una Sagrada Congregación que vigila la observancia de los ritos. Y por qué no hay otra Congregación Sagrada que se preocupe por los millones de criaturas que sufren más de lo que humanamente se puede soportar.
Comprendo que todo esto ponga nerviosos y hasta indigne a algunos cristianos. Pero quienes se ponen nerviosos, al leer esto, ¿no se preguntan por qué hay tantas personas en la Iglesia que no tolerarían ver las parroquias y los templos sucios, descuidados, desordenados, abandonados, misas que no las dice el cura, sino el sacristán; o misas que el cura dice en mangas de camisa…, pero resulta que esas mismas personas no pierden el sueño sabiendo que cada día se mueren de hambre más de 30.000 personas? ¿No será verdad que nuestra exactitud en la observancia y en el cumplimiento de los ritos sagrados nos sirve de “calmante espiritual” que tranquiliza nuestra conciencia?

jueves, 8 de diciembre de 2016

La libertad religiosa en el mundo

Victoria Juliani
Fuente La Razón

Una de cada tres personas en el mundo vive en un país sin libertad religiosa y 38 países sufren persecución o discriminación, según revela el Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2016, elaborado por la fundación pontificiaAyuda a la Iglesia Necesitada.
El estudio analiza la situación de la libertad religiosa en los 196 países que existen y constata que, durante el periodo analizado –desde junio de 2014 hasta el mismo mes de 2016–, el 20% de los países han sido escenario de «graves ataques» a la libertad religiosa.
En concreto, pone de manifiesto que 38 países padecen estas violaciones, de entre los cuales 23 sufren persecuciones –esto es que «existe una campaña activa para exterminar, expulsar o someter a un determinado grupo religioso»– y 15, discriminación derivada de la aplicación de leyes que marginan a los fieles de una religión. Pertenecen al primer grupo de países, aquellos cuyos habitantes son perseguidos por profesar una determinada creencia, entre otros, Afganistán, Arabia Saudí, Corea del Norte, China, Irak, Kenia, Libia, Nigeria, Siria y Somalia. Mientras, entre los discriminatorios, se encuentran Argelia, Egipto, Irán, Kazajastán, Maldivas, Qatar, Turquía, Ucrania y Vietnam.
En cualquier caso, de los datos se desprende que en la mitad de estos 38 países la situación se ha mantenido estable en los últimos dos años y en un 8% incluso ha mejorado. El informe señala además que los gobiernos no son los principales responsables de la persecución, sino agentes no estatales como organizaciones terroristas o fundamentalistas. Precisamente, el informe denuncia que uno de cada cinco países en el mundo ha sufrido ataques islamistas radicales y califica de «genocidio» las matanzas llevadas a cabo por el autoproclamado Estado Islámico en Siria e Irak. «Desde 2014 estamos asistiendo a un nuevo fenómeno de violencia sin precedentes calificado como hiperextremismo islamista», advierten los autores. En Occidente, añaden, este «hiperextremismo» corre el riesgo de desestabilizar el tejido social, pues algunos países que han sido víctimas de ataques de fanáticos asisten ahora al auge de «grupos populistas», así como al surgimiento de «discriminación y violencia». Asimismo, precisa que el cristianismo es la religión más perseguida del mundo y que 334 millones de cristianos viven aún hoy en alguno de estos 38 países.

sábado, 29 de octubre de 2016

La Iglesia Católica no se limita al rito romano


¿Sabías que la Iglesia Católica está actualmente constituida por 24 Iglesias autónomas “sui iuris”?
¡Es así! La Iglesia Católica no se limita al rito romano. Es una gran comunión de 24 Iglesias, siendo 1 occidental y 23 orientales.
La rama occidental está representada por la tradición latina de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Es llamada “occidental” debido a la localización geográfica de Roma, y no porque su presencia se restrinja a países de Occidente: en realidad, la Iglesia Católica de rito romano está presente en el mundo entero y tiene diócesis en todos los continentes, de Portugal a Japón, de Brasil a Rusia, de Angola a China, de Canadá a Nueva Zelanda.
Las Iglesias católicas orientales también tienen fieles diseminados por el mundo, pero, por razones históricas, están más fuertemente presentes en los lugares donde surgieron. Poseen tradiciones culturales, teológicas y litúrgicas diferentes, así como estructura y organización territorial propias, pero profesan la misma e única doctrina y fe católica, manteniéndose, por tanto, en comunión completa entre si y con la Santa Sede.
Todas las 24 Iglesias que componen la Iglesia Católica son consideradas Iglesias “sui iuris”, o sea, son autónomas para legislar de modo independiente respecto a su rito y su disciplina, pero no respecto de los dogmas, que son universales y comunes a todas ellas y garantizan su unidad de fe – formando, esencialmente, una única Iglesia Católica obediente al Santo Padre, el Papa, que a todas preside en la caridad.
La legislación de cada Iglesia “sui iuris” es estudiada y aprobada por su respectivo sínodo, o sea, por la reunión de sus obispos bajo la presidencia de su arzobispo-mayor o patriarca. Por ejemplo, la Iglesia Melquita está presidida por Su Beatitud el Patriarca Gregorio III; la Iglesia Greco-Católica Ucraniana, por Su Beatitud el Arzobispo-Mayor Sviatoslav Shevchuk. El rebaño de los fieles católicos de rito latino está guiado directamente por el Papa Francisco, obispo de Roma, que es también el líder de toda la gran comunión de la Iglesia Católica en sus diversas tradiciones.
Es muy común incluso ahora, en especial en Occidente, confundir la Iglesia Católica con el rito latino, un error que viene teniendo lugar desde hace siglos y que, a lo largo de la historia, ha causado serios daños a los católicos de ritos orientales.Lo que es preciso entender es que todos los católicos latinos son, obviamente, católicos; mero no todos los católicos son católicos latinos. ¡Y esta es una de las muchísimas riquezas del infinito tesoro de la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica!
El Concilio Vaticano II reconoció que todos los ritos aprobados por las Iglesias que forman la Iglesia Católica tienen la misma dignidad y derecho y deben ser preservados y promovidos.
Además, si hablamos de los ritos, otra confusión frecuente es la que se produce entre el rito latino y el rito romano: los términos suelen usarse como sinónimos, pero, técnicamente, además del rito romano, también existen otros ritos latinos de ciertas Iglesias locales, como el ambrosiano o el mozárabe, y los de algunas órdenes religiosas, además del rito tridentino (o forma extraordinaria del rito romano). Pero no están vinculados a Iglesias autónomas “sui iuris“, sino que son diferentes ritos dentro de la misma tradición latina de la Iglesia Católica.
Respecto a los ritos orientales, las diferencias tienen más que ver con la diversidad de tradiciones y tiene vínculos históricos entre los ritos y las Iglesias “sui iuris” específicas que los adoptan: son el alejandrino o copto, el bizantino, el antioqueno o siríaco occidental, el caldeo o siríaco oriental, el armenio y el maronita.
Pero ¿cuáles son, en definitiva, las Iglesias “sui iuris” que forman la Iglesia Católica? Aquí la impresionante lista:
DE RITO OCCIDENTAL
Tradición litúrgica latina:
Rito latino de la Iglesia Católica Apostólica Romana (sede en Roma)
DE RITOS ORIENTALES
Tradición litúrgica alejandrina:
Iglesia Católica Copta (patriarcado; sede en El Cairo, Egipto)
Iglesia Católica Etíope (metropolitanado; sede en Addis Abeba, Etiopía)
Iglesia Católica Eritrea (metropolitanado; sede en Asmara, Eritrea)
Tradição litúrgica bizantina:
Iglesia Greco-Católica Melquita (patriarcado; sede en Damasco, Siria)
Iglesia Católica Bizantina Griega (eparquía; sede en Atenas, Grecia)
Iglesia Católica Bizantina Ítalo-Albanesa (eparquía; sede en Sicilia, Italia)
Iglesia Greco-Católica Ucraniana (arzobispado mayor; sede en Kiev, Ucrania)
Iglesia Greco-Católica Bielorrusa (también llamada Católica Bizantina Bielorrusa)
Iglesia Greco-Católica Rusa (sede en Novosibirsk, Rusia)
Iglesia Greco-Católica Búlgara (eparquía; sede en Sofía, Bulgaria)
Iglesia Católica Bizantina Eslovaca (metropolitanado; sede en Prešov, Eslovaquia)
Iglesia Greco-Católica Húngara (metropolitanado; sede en Nyíregyháza, Hungría)
Iglesia Católica Bizantina de Croacia y Serbia (eparquía; sedes en Križevci, Croacia, y Ruski Krstur, Serbia)
Iglesia Greco-Católica Rumana (arzobispado mayor; sede en Blaj, Rumanía)
Iglesia Católica Bizantina Rutena (metropolitanado; sede en Pittsburgh, Estados Unidos)
Iglesia Católica Bizantina Albanesa (eparquía; sede en Fier, Albania)
Iglesia Greco-Católica Macedónica (exarcado o exarquía; sede en Skopje, Macedonia)
Tradición litúrgica armenia:
Iglesia Católica Armenia (patriarcado; sede en Beirut, Líbano)
Tradición litúrgica maronita:
Iglesia Maronita (patriarcado; sede en Bkerke, Líbano)
Tradición litúrgica antioquena o siríaca occidental:
Iglesia Católica Siríaca (patriarcado; sede en Beirut, Líbano)
Iglesia Católica Siro-Malancar (arzobispado mayor; sede en Trivandrum, India)
Tradición litúrgica caldea o siríaca oriental:
Iglesia Católica Caldea (patriarcado; sede en Bagdad, Iraq)


Iglesia Católica Siro-Malabar (arzobispado mayor; sede en Cochín, India)

domingo, 2 de octubre de 2016

TENER FE PARA CRECER



Los discípulos le piden a Jesús  : «Auméntanos la fe» y El responde : " Si tuvieran fe , como un granito de mostaza"...

La fe no se puede aumentar desde afuera, tiene que crecer desde adentro, como el grano de mostaza.
La fe es un don de Dios, pero  toda esa fuerza de Dios está ya en cada uno.  Y el que tiene confianza, puede desarrollar toda esa energía.La fe es una experiencia de Dios, que  no tiene nada que ver con la cantidad. El grano de mostaza, aunque es chiquito, tiene vida igual que la mayor de las semillas. Esa vida, es lo que  importa.
Nuestra fe sigue siendo infantil e inmadura. La mayoría de los cristianos no quieren madurar en la fe por miedo a las exigencias. En nuestra sociedad, todo tiene que estar reglamentado, mandado o prohibido, es más fácil que ayudar a madurar a la persona para que actúe por convicción desde adentro.
Pero en la Biblia, fe es equivalente a confianza en una persona. No se trata de esperar que Dios nos salve de las limitaciones, sino de encontrar a Dios a pesar de ellas. Esa confianza no la debemos proyectar sobre una Persona que está fuera de nosotros y del mundo. Debemos confiar en un Dios que está y forma parte de la creación y por lo tanto de nosotros mismos. Creer en Dios es apostar por la creación, es confiar en el hombre. Es estar construyendo la realidad , y no destruyéndola, es estar por la vida y no por la muerte. Es estar por el amor y no por el odio, por la unidad y no por la división. 
 Creer en Dios es confiar en las posibilidades de cada uno, para alcanzar su plenitud propia.Tener fe es encontrar a Dios en las peores circunstancias.
Tener fe es ser capaz de bajar lo suficiente al fondo de mí mismo,para anular el efecto negativo de cualquier limitación. Y entonces, descubrir lo que es Dios es confiar absolutamente.Es descubrir mi propio ser y también el ser de los demás.Es valorar la Vida más allá de sus límites.Es desplegar lo más autentico de mí, conectado con Dios.

domingo, 17 de abril de 2016

DESPERTAR LA CAPACIDAD DE ESCUCHAR A JESUS



«Mis ovejas escuchan mi voz… y me siguen». Los cristianos necesitamos recordar de nuevo que lo esencial para ser la Iglesia de Jesús es escuchar su voz y seguir sus pasos.
Desarrollar  esa sensibilidad, que está viva en muchos cristianos sencillos que saben captar la Palabra que viene de Jesús .
Si no queremos que nuestra fe se vaya diluyendo  en formas decadentes de religiosidad superficial, en medio de una sociedad que invade nuestras conciencias con mensajes, consignas, imágenes, comunicados,  DEBEMOS  aprender a poner en el centro de nuestras vidas la Palabra viva, concreta e inconfundible de Jesús, nuestro único Señor.
Pero no basta escuchar su voz. 
Tenemos que creer lo que él creyó, dar importancia a lo que él dio, defender al ser humano como él defendió, acercarnos a los indefensos y desvalidos como él se acercó, ser libres para hacer el bien como él, confiar en el Padre como él confió y enfrentarnos a la vida y a la muerte con la esperanza con que él se enfrentó.
Si los que viven perdidos, solos o desorientados pueden encontrar en la comunidad cristiana un lugar donde se aprende a vivir juntos de manera más digna, solidaria y liberada siguiendo a Jesús, la Iglesia estará ofreciendo a la sociedad uno de sus mejores servicios.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Despierta: EL DON DE LA PASCUA

Despierta: EL DON DE LA PASCUA:   "El don de la Pascua es un gran silencio, una inmensa tranquilidad y un limpio sabor en el alma. Es el sabor del cielo, pero n...